El paro “solo” puede contener el ajuste - Por Hugo Rivas

La huelga del día de ayer, 10 de abril, es una demostración de la voluntad de resistir el ajuste impulsado por el gobierno nacional a partir del agotamiento de su modelo económico. La huelga es un derecho y un instrumento valioso de los trabajadores, pero con la resistencia no alcanza y por eso es necesario tener claro el origen del problema, esto es, la estructura económica insustentable y neocolonial; para luego sí, consensuar un programa superador y lograr llevarlo a la práctica.

Desde el 2002 la economía Argentina se basó en la explotación irresponsable de sus recursos naturales para la obtención de rentas extraordinarias gracias a los altos precios internacionales en materia de alimentos, energía, minería, etc. Otro rasgo problemático es el alto de grado de concentración - monopólicos u oligopólicos- de insumos básicos como el acero, el aluminio, químicos, cementos, alimentos, etc. Y, otros rasgos característicos, han sido la ineficiencia y corrupción, todo lo cual combinado determinó un derrame hacia afuera y no solo por parte de las multinacionales.

Toda esta riqueza que perdió Argentina, sumado a los servicios de la incrementada deuda externa, no dieron lugar a una acumulación interna hacia un nuevo modelo de desarrollo endógeno y sustentable.

Entonces, la ausencia de modificaciones estructurales en el patrón de acumulación y en el carácter de los actores económicos dominantes determinó la falta de recursos genuinos para satisfacer la demanda interna ante el agotamiento de la capacidad instalada, lo que devino en la inflación que padecemos, tanto consumidores como productores.

Ante este cuadro, el gobierno buscó reducir sus gastos mediante la reducción de subsidios y trasladando a los usuarios los incrementos en los servicios públicos; aumentando el costo de los combustibles para atraer empresas internacionales, que ayuden a paliar el déficit energético, etc.; hasta llegar a una devaluación que aún no ha terminado y que busca recuperar la competitividad perdida.

En la búsqueda de inversiones extranjeras directas (IED) desde el oficialismo se están ofreciendo altos precios internos y, cada vez más, se están abriendo las posibilidades para las exportaciones cuestiones que, tanto directa como indirectamente, incrementan el costo de vida.

La apuesta kirchnerista de sostener demanda ya no se pudo mantener y se traduce en aumentos de precios que se apropian de los ingresos de buena parte de la población. Entonces estamos, sin dudas, ante un ajuste en toda la línea.

Frente a esta agresión, el derecho de huelga se levanta como una reacción defensiva de los asalariados y que, de mantenerse con igual o mayor intensidad, puede obligar al gobierno a morigerar el ajuste pero que no pueden imponer un programa alternativo.

La precarización laboral, el descrédito de las organizaciones sindicales y las diferencias al interior del movimiento obrero impiden que el mismo sea la columna vertebral de un movimiento político emancipatorio. Hoy ni siquiera se puede hoy impulsar un programa alternativo como lo fueron los programas de La Falda (1957) y el de Huerta Grande (1962). Recordemos que un sector de la CGT está alineado con políticas neoliberales explícitas –el sector de Luis Barrionuevo- y, el de Moyano tanto como el de Michelli no encontraron un canal político que les permita unir fuerzas.

Desde ya que una salida puramente gremial es inviable, la huelga revolucionaria es impensable y, por eso la única salida pasa por las próximas elecciones. Ante esto, el sector Moyano se conforma con sostener su cuota de poder subordinado con el “pejotismo” no kirchnerista. Y la CTA de Michelli se mueve entre la impotencia de una izquierda testimonial y una centroizquierda que debe resolver aún un proyecto claramente alternativo para no repetir la experiencia patética de La Alianza (UCR-FREPASO). Mientras tanto, las medidas de fuerza sirven apenas para no seguir retrocediendo lo cual no es poco.

Hugo Rivas