El caso del frigorífico de la ciudad de San José, el de mayor capacidad instalada de la provincia de Entre Ríos, representa de manera ejemplar el ciclo kirchnerista con sus trepadas y su caída.
La ficción de la década menemista de ser partes del “Primer Mundo” con la equivalencia entre el peso y el dólar no era sostenible y al gobierno de De la Rúa, sin un proyecto alternativo al neoliberalismo, le explotó con la convertibilidad. Pero luego, la brutal devaluación de enero del 2002, creó las condiciones para la reactivación aprovechando altos precios internacionales de algunos productos a los cuales Argentina se dedicó por completo. Así exportamos hidrocarburos y soja transgénica sin atender a sus consecuencias, salir de la crisis justificaba todo y hasta era comprensible en un principio, pero cuando las medidas de emergencia se volvieron “el modelo”, todo lo que seguió podía predecirse y nosotros lo adverimos.
Una de las tantas externalidades negativas de la “sojización” fue marginar la producción ganadera, no obstante, la devaluación competitiva atrajo algunas inversiones extranjeras directas a la industria cárnica. Un nuevo actor fue el emergente grupo brasileño JBS convertido en el mayor del planeta en su rubro luego de comprar de la tradicional firma estadounidense Swift.
La llegada de los brasileños a San José implicó un momento de optimismo en la zona, se conformó un plantel de más de 500 empleados y se invirtió en la planta de acuerdo a las exigencias del mercado internacional. Pero el decreciente stock bovino de Argentina llevó a la imposición de restricciones a la exportación de estas carnes, entones JBS, que estaba más interesada en la cuota Hilton que en vender en el decreciente y poco rentable mercado interno, optó por cerrar el frigorífico.
Ante esta situación, el Ministerio de la Producción de la Provincia de Entre Ríos, decidió comprar la planta cerrada y para ello tramitó un Crédito Bicentenario de 70 millones, más aportes privados minoritarios, para conformar una sociedad mixta con mayoría del gobierno provincial, con lo cual se logró una reactivación muy limitada y transitoria del frigorífico, siendo los más favorecidos los dueños de JBS que se sacaron de encima esas instalaciones que no les resultaban útiles.
La inversión en esa industria podría haber sido loable en otro contexto o ante la perspectiva de salir del imperio de la agricultura extractivista, contaminante y dependiente de las multinacionales pero, como es sabido, esto no ocurrió.
El modelo agropecuario argentino no se modificó a pesar de las diatribas del oficialismo y, por el contrario, este sector es el principal soporte del gobierno. Ante esto, empresas como Monsanto, financistas internacionales volcados a los grandes pooles y las agroexportadoras de siempre reforzaron su dominio en el sector en perjuicio de: los pequeños productores, la diversificación, el mercado interno, el ambiente y la salud de la población.
Entonces, la agricultura kirchnerista, también le ha quitado viabilidad al negocio de la carne, salvo que la misma tuviera precios internacionales lo que impactaría negativamente en nuestras mesas, especialmente luego de la última devaluación. Por lo tanto, el frigorífico en el que se cifró tantas expectativas está paralizado y si la provincia lograra venderlo a privados -tal como se anuncia- será a condición de que se les garantice a los nuevos propietarios la posibilidad de exportar.
Y, por último, también es interesante para los contribuyentes saber cuánto recibirá el Estado provincial a cambio de esta planta. Se acerca el fin de un ciclo y es bueno hacer balances para plantear alternativas que nos saquen de esta crisis.
Hugo L. Rivas
Proyecto Sur Entre Ríos
Fuente HACELO PUBLICO
