¿Por quien suenan las cacerolas? - Por Dario Olivera


Ya ha transcurrido una semana desde los cacerolazos del 13 de septiembre y aún se siguen sumando las diversas interpretaciones del carácter de esta protesta.
Es evidente que nadie esperaba una movilización de semejante masividad y extensión geográfica. Por lo tanto, ni desde el gobierno ni desde la oposición estaban atentos a lo que pudiera ocurrir.


Ver imagenDe ahí el carácter de algunas declaraciones de dirigentes de distinto signo ideológico que no atinan a reflexionar sobre lo acontecido.
Desde el gobierno, no se sabía que decir. Cristina, sin tener cabal conciencia de lo multitudinario de la protesta, se limitaba a decir que no la iban a asustar Abal Medina señaló que quienes se movilizaron estaban pensando en Miami. Otros dirigentes lo único que habían visto es que se trataba de gente bien vestida y eso era criticable Aníbal Fernández, encargado vitalicio de decir los exabruptos mas notables contra cualquier opositor sorprendió a todos diciendo que era una manifestación sumamente importante y que había que analizar lo que estaba pasando. Algo semejante dijo Fernando Navarro del Movimiento Evita. Después, cuando recibieron las órdenes desde Casa de Gobierno, se ubicaron en el mismo plano que el resto del gobierno descalificando a los participantes bajo el mote de gorilas, golpistas y tilingos. Algunos se apresuraron a plantear una convocatoria a una Contra-marcha sin darse cuenta que con esa propuesta no hacían mas que agrandar el impacto del cacerolazo.
Lo lamentable es que desde la izquierda se dijo exactamente lo mismo, sin siquiera intentar introducir o aceptar algún matiz en su discurso ultraclasista. Tanto el Partido Obrero como el Partido de los Trabajadores Socialistas calificaron a la marcha como una expresión de derecha. Adjudicarle semejante masividad en la convocatoria a la derecha termina siendo funcional a la derecha y al gobierno. Desde este espacio dejaron claro que las únicas expresiones verdaderamente opositoras eran las de ellos, en el marco de su clásico sectarismo y falta de capacidad de análisis para entender una sociedad que es mucho mas compleja que la contradicción Burguesía-Proletariado. El Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) de Vilma Ripoll, pese a tener un mismo origen ideológico, realizó una lectura acertada de la coyuntura.

¿ Que pasó el 13?
A nuestro entender, la protesta del jueves 13 fue la expresión de sectores medios mayoritariamente, que no fueron convocados por ninguna organización política, aunque muchos de ellos puedan ser afiliados o simpatizantes de diversas fuerzas políticas.
El carácter de la convocatoria mediante las redes sociales, la heterogeneidad de sus reclamos y de sus cánticos, lleva a que nadie pueda adjudicarse ni capitalizar estos hechos.
Simplificar y caracterizar la protesta como una mera expresión de sectores de la zona Norte, no explica las movilizaciones en decenas de ciudades del país y en las principales capitales.
Mirar sólo algunos de los carteles o reproducir sólo alguno de los cánticos tampoco ayuda a analizar seriamente el carácter de la protesta.
Por supuesto que desde Proyecto Sur rechazamos algunas de las consignas y cánticos, pero no vamos a caer en la trampa de confundir la parte con el todo. Allí estuvieron los trabajadores bancarios del Banco Ciudad, los familiares de las víctimas de Once y miles de personas sin filiación partidaria que reclamaban por mayor seguridad, contra la corrupción, en contra de la re reelección, contra la inflación, por el 82% para los jubilados, entre otras.
En tren de hacer comparaciones, podría decirse que la movilización del 13 se parece a expresiones como los apagones a los que convocaba el Frente Grande en el ’96 o la marcha a Plaza de Mayo del 19 de diciembre del 2001 que tuvieron origen en las mismas zonas geográficas de la capital y que hicieron de la cacerola el instrumento de protesta.
Tampoco caeremos en la trampa de pensar que todos los que se manifestaron constituyen la base social de los cambios profundos que necesita la Argentina.
Señalamos si, que constituye un punto de inflexión en el humor de importantes capas de la sociedad que muestran su cansancio ante la acumulación de hechos de soberbia y de ataques gratuitos a sus reclamos.
Lejos de denostar a estos sectores porque “son gente que anda bien vestida” la tarea es lograr que los mismos se expresen detrás de un programa que sea superador de las limitaciones del kirchnerismo. En vez de regalarle todos estos sectores al macrismo, es necesario disputarlo para que se sumen al paro y movilización general que anunció la CTA de Pablo Michelli. Que se movilicen junto a los trabajadores detrás de un programa que contemple los reclamos de amplios sectores de la sociedad, el aumento del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, el pago universal de las asignaciones familiares, el pago del 82% a los jubilados, por la reestructuración de todo el sistema de transporte, por el pleno respeto al federalismo y también a reclamos democráticos como el rechazo a la re-reelección y contra la corrupción. En síntesis, es necesario disputar la hegemonía de estos reclamos desde un programa popular, sabiendo que muchos de los que “cacerolean” no van a adherir a un programa de este tipo pero que también muchos de ellos pueden sumarse.
Tampoco hay que olvidar que estas expresiones cuestionan también a los partidos políticos, incapaces de ser el cauce de los reclamos populares.
Quedan planteados entonces dos desafíos: 1) a los caceroleros, de involucrarse activamente en la lucha política, abandonando la idea de que en la política todo es malo. Se transforma en mala cuando la sociedad se retrae y deja la política en pocas manos. 2) a los partidos políticos de abrir generosamente sus puertas al debate y a la participación de los distintos sectores de la sociedad.

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