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| Dario Olivera |
El ex - candidato a gobernador analiza la situación política actual y las posibilidades electorales para el año que comienza.
En la
situación actual de nuestro país, al igual que en el resto de los
países de América Latina, los procesos electorales adquieren una
importancia que muchas veces los propios ciudadanos de estos países
no somos capaces de dimensionar.
Nos alegramos con los éxitos electorales de Evo
Morales, de Rafael Correa, de Hugo Chávez o de las características
de los gobiernos de Dilma Rousef o Pepe Mujica, pero pareciera que
nos olvidamos que todos ellos surgieron de procesos electorales en
los que, los sectores populares y los movimientos sociales se
involucraron fuertemente.
En
Argentina sigue siendo muy notoria la separación entre movimiento
social y organizaciones políticas. Se mantiene una fuerte
resistencia al involucramiento político y una fuerte crítica a
quienes militan en esos espacios. Se deja entender que militar en una
organización social tiene una calidad superior a militar en una
organización política. Por supuesto que, en general, los partidos
políticos han defraudado una y otra vez las expectativas de la
sociedad. Pero también hay que reconocer que sin una organización
que dispute en el plano de la política institucional contra los
sectores que hoy detentan el poder formal, todas las luchas que se
llevan a cabo son procesadas y absorbidas por el poder político.
Quizás el ejemplo del 2001 es la expresión mas clara de ello.
En las
últimas elecciones, tanto en la Nación como en la Provincia, el
kirchnerismo plasmó una muy fuerte hegemonía, con resultados
electorales abrumadores. No obstante, la mayoría de los problemas
que existían, siguen vigentes y aún agravados a un año y medio de
las elecciones. Los salarios en la Provincia de Entre Ríos siguen
estando entre los mas bajos del país; el estado de la educación y
la salud pública continúan su decadencia ; al grave problema del
monocultivo y el uso de agroquímicos, se suma ahora la pretensión
de utilizar el método del “fracking” para la explotación de
petróleo, con secuelas de contaminación tanto o mas grave que las
del glifosato; se continúa avanzando sobre el uso privado de los
espacios públicos ; se siguen prometiendo obras que nunca se
realizan; se sigue endeudando a la provincia y la dependencia de los
fondos que pueda enviar la Nación es cada vez mayor, en un marco de
crisis de recursos por parte del estado, tanto nacional como
provincial.
Toda esta
realidad que nos abruma no avanza sobre un lecho de rosas. Encuentra
casi siempre la resistencia y la lucha popular como contrapartida.
Desde esas luchas, se han logrado frenar proyectos del gobierno,
tales como la explotación del Delta entrerriano o la creación de
una nueva Universidad, que llevaba a la desaparición de la UADER y a
muchas de las carreras que allí se cursan, o el cierre del Mercado
en Concepción del Uruguay, entre otras.
Pero
estas luchas son insuficientes para torcer el rumbo general del
proyecto político hegemónico. Podemos frenar algunas de sus
expresiones, trabarlos, demorarlos, pero no logramos derrotarlo.
Para ello es necesario construir una fuerza mucho
mayor que la que tiene cada uno de los actores de todos estos
procesos, tanto políticos como sociales, por separados.
Sabemos
que de los partidos políticos tradicionales o de las fuerzas de la
derecha no ha de llegar la solución para los problemas de los
entrerrianos.
Es un
lugar común de los analistas políticos decir que todo el consenso
que va perdiendo el gobierno kirchnerista no es capitalizado por
nadie. Y esto es así porque lo que aparece como oposición al
gobierno tampoco es lo suficientemente confiable. De este modo nos
adentramos en un callejón sin salida donde lo que está no nos
gusta, pero las alternativas tampoco.
Por lo
tanto, es necesario construir una herramienta nueva, que sea la
sumatoria de todos los que resisten, mas todos aquellos sectores
independientes que aspiran a otro proyecto político pero que no lo
encuentran en las propuestas existentes.
Es
necesario un fuerte protagonismo de toda la dirigencia y la
militancia, tanto política como social, que se identifica con
posiciones progresistas, democráticas y emancipadoras, para lograr
construir una unidad que permita dar estas disputas con mejores
posibilidades de éxito.
Es
imprescindible construir un ámbito de debate donde poder acordar un
programa mínimo para las elecciones legislativas del 2013 y una
metodología de resolución de las diferencias y conflictos que
pudieran aparecer. Ocurre a veces que la unidad que vamos
construyendo en la calle, en las movilizaciones, en el conflicto
social concreto se dilapida por meras ambiciones personales o de
sector. Hay que acordar que estas diferencias deberán saldarse
mediante elecciones abiertas democráticas y participativas y donde
todos se comprometan a respetar esas decisiones que surjan de la
voluntad popular.
Tenemos
por delante un enorme desafío. No podemos seguir quejándonos de lo
mal que nos va, sino que tenemos que empezar a colocar los primeros
ladrillos de la herramienta que nos asegure que las luchas políticas
y sociales que se desarrollen de acá en mas, tendrán un espacio de
representación en el plano formal e institucional de la política.
Las elecciones legislativas de 2013 están a la
vuelta de la esquina. Hay que poner YA manos a la obra !!
Darío
Olivera
